Un mantel pintado a mano no es un artículo de usar y tirar; es una pieza destinada a embellecer las celebraciones por muchos años. Por ello, la fibra debe ser robusta. La calidad se mide en la capacidad de la tela para resistir los lavados, el uso cotidiano y el paso del tiempo sin perder la integridad de su trama.
Si el tejido base es pobre, incluso la mejor pintura se agrietará o desvanecerá prematuramente. Mi proceso Slow Design busca asegurar que la obra, una vez terminada, pueda ser disfrutada y atesorada sin comprometer su belleza.